Sede de las Cortes de Aragón en el Palacio de la Aljafería

Zaragoza. 1987 y 1995

La Aljafería conserva testigos de una larga historia. Fue palacio islámico, de los Reyes de Aragón y de los Reyes Católicos. Con Felipe II se rodeó de un foso y con Isabel II se remodeló como cuartel. Sin embargo, a mediados del XX Francisco Iñiguez inició el proceso de rescate, reconstruyó un lienzo de la muralla y compuso una solución ahistórica para conciliar las arquerías islámicas con los salones cristianos, pero no completó el derribo de las naves cuarteleras del lado oeste. La intervención para alojar la Sede de las Cortes consideró que, dada la ausencia de restos arqueológicos, el rescate estaba finalizado, y entendió que constituía un eslabón más en la cadena evolutiva de este lugar histórico que muestra el devenir de Aragón, y que en consecuencia se debían respetar todas las etapas precedentes y evitar la ocupación de las zonas de mayor interés artístico y documental. La muralla del recinto es el hilo conductor de la nueva arquitectura que se va insertando entre las fábricas antiguas para articular lo dejado por el tiempo y por el propio rescate, que dialoga con los elementos históricos próximos utilizando un lenguaje neutro y desornamentado para evitar confusiones estilísticas o falsos históricos, que utiliza la luz, la sombra o el vacío para provocar distancias de respeto y así explicar la arquitectura y su evolución a lo largo de la historia.

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